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Religion
Orientales
BRAHMA. Los innumerables dioses védicos no pudieron
impedir el deseo de dar con un ser más poderoso, un dios único capaz de
dominarlos a todos y que, en última instancia, regiría el mundo. Este dios o
principio fue Brahma. Sin embargo, las tendencias politeístas eran tan fuertes
que de Brahma empezaron a surgir, por sucesivas emanaciones, multitud de dioses
porque en la India todo es Dios y todo procede de Dios. Un sacerdote hindú
afirmaba que existen unos 333 millones de dioses. En la nueva reforma religiosa
existía un principio universal todopoderoso, "brahma", y un principio particular
de cada uno de nosotros, el "atman", el ser concreto. La filosofía desarrollada
a raíz de estos principios llegó a conclusiones verdaderamente curiosas. En los
libros sagrados o Upanishadas, así como en los poemas épicos, el Mahabárata y el
Ramayana, se esbozan las líneas de este pensamiento. Todo ha de volver al
espíritu del dios, todo ha de pasar y suceder. Nuestra vida actual no es sino el
premio o castigo de otras vidas anteriores. El "karma" es la encarnación
indefinida. El ladrón, al morir, deja su cuerpo en la sepultura, pero su
espíritu va a informar el cuerpo de un cuervo o de un gato. Por sucesivas
depuraciones se va ascendiendo en la escala de perfección hasta que un día el
alma consigue el nirvana eterno, la aniquilación total. Una trilogía de dioses
preside el desarrollo de la vida en el mundo, cada uno de los cuales tiene una
esposa: Brahma y Saravasti, Siva (imagen) y Kali, Visnú y Lakshui. También en la
India encontramos vestigios de mitos o hechos reales señalados en otras
religiones. Así, se habla de cómo Visnú se convirtió en pez cuando ocurrió el
gran diluvio que inundó la tierra, y salvó con esta transformación los libros
del Manu, código supremo del hinduismo. El hinduismo fue siempre una
religión eminentemente sacerdotal. Los monjes, santones, brahmanes y fakires
eran, y son, muy respetados por el pueblo. La reverencia, por ejemplo, hacia las
vacas, consideradas animales sagrados, es uno de los factores del hambre
endémica de la India, el país que consume menos leche del mundo porque no es
lícito extraerla de las innumerables vacas que gozan de consideración superior a
la de un ser humano. Sin embargo, el hinduismo sufrió una transformación
profunda al surgir un hombre extraordinario: Gautama, llamado el Buda, palabra
que significa "el Iluminado".
LAO-TSÉ. Nació en el año 604 antes de nuestra Era. De
él cuenta la leyenda que estuvo 80 años en el seno materno y que al nacer tenía
ya el pelo blanco, por lo que nunca fue niño y vino al mundo lleno de sabiduría.
El país estaba dividido en innumerables Estados y Lao-Tsé fue alto funcionario
en la corte de Tchou. Se cuenta que vivió 200 años y su muerte, siempre según la
leyenda, fue misteriosa. Había realizado un viaje hasta el lejano Tibet y al
cruzar la frontera el aduanero Yen-Hi le pidió que le enseñara la verdad y la
sabiduría. Entonces Lao-Tsé escribió para él un precioso libro llamado
Tao-Te-King, el Camino de la razón y de la virtud, que contiene sólo 5.000
palabras, las suficientes para enseñar al hombre todo lo que ha de saber para
ser feliz eternamente. Una vez entregado el libro al aduanero, Lao-Tsé empezó a
caminar en dirección a las cumbres y nunca más se ha sabido de él. El ideal del
Tao consiste en el hombre identificándose con el espíritu de humildad y paz, la
renuncia solemne a toda violencia y la anulación de todo deseo, son los
fundamentos del taoísmo. Los yogas, con sus complicados ejercicios corporales y
ayunos siguen, aun no siendo taoístas, este ideal de suprema renuncia, común a
muchas religiones. Cinco siglos después de la muerte de Lao-Tsé, el taoísmo fue
considerado como religión oficial de China y su mayor esplendor y difusión tuvo
lugar cuando imperaba la dinastía Tang. En la actualidad posiblemente existen
unos 40 millones de adeptos a la doctrina de Lao-Tsé.
CONFUCIO: Cuando ha de ocurrir algo
extraordinario, fuera de lo corriente, sea bueno o sea malo, en China suele
aparecer un kilin, animal sagrado que muy pocas personas han podido contemplar.
A la madre de Confucio se le apareció un kilin y nueve meses más tarde tuvo un
niño a quien los hombres debían conocer con el apelativo de K'ung-Fu-Tsé, es
decir, el filósofo. En el momento de nacer, dos ángeles volaban sobre el techo
de su casa mientras cuatro ancianos que representaban el espíritu de las cosas,
del agua, del fuego y de la tierra, rodeaban su mansión para alejar a los
espíritus malignos. A los 22 años estableció una escuela donde enseñaba a
quienes querían ser sus discípulos, y se cuenta que tuvo más de 3.000. Él no
escribió libro alguno, pero sus seguidores compilaron sus enseñanzas en los
Discursos y Diálogos. Más tarde entró en la administración del Estado. En China
era tenido por gran honor pertenecer al cuerpo de funcionarios públicos y los
muchachos inteligentes se preparaban concienzudamente, a fin de superar los
exámenes que daban entrada a este núcleo de hombres de letras, mitad servidores
del emperador, mitad pensadores. A los 52 años de edad era ministro de Lu.
Cuando contaba 72 años murió y el emperador Ts'in destruyó todo recuerdo del
filósofo y persiguió a sus seguidores, pero al subir al trono imperial de la
dinastía Han, hacia el año 206 a. de J.C., la doctrina de Confucio fue declarada
religión oficial. Su máxima fundamental de conducta era: Lo que no quieras para
ti, no lo quieras para los demás. La doctrina de Confucio, sintetizada en una
serie de máximas morales, tendía a volver al pueblo a las viejas y ancestrales
costumbres, algo rígidas, pero nobles y dignas. Confucio pensaba que si un
hombre honesto y moral tuviese a su cargo el gobierno de la nación, se rodearía
de hombres igualmente dignos y, por tanto, concibió la idea de educar a los
príncipes que un día llegarían a ser emperadores, para que éstos, a su vez,
influyesen en una corriente educativa que iría de los soberanos hacia los
súbditos, y de este modo se reformaría la nación. El que ante la ganancia piensa
en la Justicia, ante el peligro ofrece su vida y en la vejez no se desdice de
las promesas que hizo en su juventud, este hombre puede considerarse perfecto,
decía Confucio. Por esto, cuando obtuvo en el reino de Lu el cargo de ministro
que anhelaba, quiso transformar el país estableciendo un minucioso reglamento
que abarcaba hasta los menores detalles de la vida corriente. Nada quedaba
al azar y los vasallos de Lu sabían, en todo momento, lo que podían y no podían
hacer. Confucio no pensó en lo triste y aburrida que sería una existencia tan
esclavizada aunque lo fuese para el bien, y llegó un momento en que dicho reino,
a pesar de la buena fue de Confucio y sus sabias leyes, cayó otra vez en la
inmoralidad y el filósofo se alejó apesarado de aquella provincia. Refugiado en
el reino de Wei, ordenó que sus discípulos recopilaran los libros de la
sabiduría ancestral china: el I- King o "el libro de los cambios de los seres",
el Chi-King o "libro de los hechos pasados", el Li-King o "libro de las
ceremonias", etc. Un día en que se celebraba una fiesta en el palacio de Wei
penetró en los jardines un animal extraño y hermoso a la vez. Nadie sabía cuál
era su nombre ni lo habían visto nunca antes. Decidieron preguntarle a Confucio,
y éste, al verlo, exclamó: -Es un kilin; no tardaré en morir. En efecto, el
kilin que había anunciado su nacimiento, se presentó de nuevo para comunicarle
el fin de su existencia. En las cercanías de K'ufou se levanta la tumba de
Confucio, en cuya lápida hay grabada esta sentencia: Todo se le perdona a
quien nada se perdonó a sí mismo. La religión de Confucio resultó poco clara ya
que no estructuró un cuerpo de doctrina definido y rígido. La idea del príncipe
bueno, paternal y providente para con sus súbditos, impregna su credo. Los
conceptos de bondad, belleza, tolerancia, paz, etc., tan parecidos al
cristianismo, son la base de su conducta y de su moral. Durante dos mil años fue
la religión oficial del Celeste Imperio. En la actualidad se calcula que unos
250 millones de fieles siguen las enseñanzas de Confucio. (ver
Confucio)
GAUTAMA BUDA. El príncipe Sidarta o Gautama había
nacido en un palacio y su infancia transcurrió rodeada de toda clase de placeres
y lujos. Vivió sin conocer ninguna de las cosas desagradables de la vida, y el
espectáculo del dolor, de la enfermedad o de la muerte, fue velado a su
contemplación. La primera vez que acudió al templo los dioses cayeron de sus
pedestales y la Tierra tembló porque había entrado el elegido en el santuario.
Al contraer matrimonio con la hermosa Gopa, acudieron más de trescientos
príncipes a su palacio y durante largos meses compitieron con Gautama en todas
las artes, ciencias y juegos, resultando siempre vencedor el príncipe Sidarta.
La vida habría transcurrido para él como en un vulgar cuento oriental, si el
príncipe no tropezara un día con las "cuatro verdades". El hecho ocurrió yendo
de paseo en su coche; se encontró sucesivamente con un enfermo, con un anciano
decrépito, con un entierro y con un monje entregado a la meditación. Había
hallado el camino de la verdad y desde entonces abandonó toda clase de placeres
y se entregó a durísimas penitencias, durante las cuales permanecía inmóvil, su
cuerpo se cubría de un sudor frío y su alma se hallaba en trance de abandonar
esta vida mortal. Era tal la dureza extremada consigo mismo que un día Maya, su
madre, descendió de los cielos para preguntarle si deseaba morir antes de haber
hallado la "iluminación". Comprendió entonces que debía mitigar el rigor de su
ascetismo y emprendió la vida normal, pero enteramente transformado. Desde aquel
instante fue, no el príncipe de vida regalada, sino el Buda, simplemente. Su
filosofía se funda en las cuatro verdades: La verdad del dolor, porque todo en
la vida es dolor y éste nace del ansia de querer. La verdad del sufrimiento
por el dolor. Solamente dominando los deseos se consigue dominar el dolor. La
verdad sobre la supresión del dolor. Imposible de lograr si no es con la muerte
definitiva. La verdad del camino de santidad. Que sólo se puede hallar por la
meditación del destino y la práctica de la piedad. Después de seis años de
privaciones y aislamiento pudo exclamar: El corazón libre ha conseguido matar
todos los deseos. Buda, el Iluminado, comprendió que todos los males radicaban
en la ignorancia de las cuatro verdades y para remediarlo se dispuso a predicar
su doctrina. Sus comparaciones eran definitivas y claras. Así, al preguntarle
cuál era la espada más afilada, el fuego más devorador, la miel más dulce y las
tinieblas más densas, contestó: -La espada más aguda es la palabra, el peor
fuego es la lujuria, la miel más dulce es la sabiduría, y la oscuridad más
negra, la ignorancia. Numerosos hombres dispuestos a dejar el mundo siguieron a
Buda, se raparon la cabeza y pronunciaron la fórmula de renunciación: "Me
refugio en Buda, en su ley en su comunidad". Cuando llegó el momento de morir se
tendió en el suelo y se durmió. Los árboles que estaban secos echaron flores y
sus pétalos se abrieron en una lluvia delicada que cubrió su cuerpo. Buda
había penetrado en el nirvana. Los brahmanes opusieron una tenaz resistencia a
admitir la doctrina de Buda, pero el budismo pronto se extendió por la India y
el en siglo III, reinando Asoka, sus monjes y emisarios se desparramaron por
todo el país. Aunque su doctrina sea casi una pura negación, un renunciamiento
total, numerosos monjes comenzaron a estudiar la nueva moral y los conventos
proliferan rápidamente. Afirman que existen dos caminos de santificación: El
Mahayana, según el cual el número de budas es infinito y el alma del Iluminado
puede encarnarse en cualquier persona como ocurre con los lamas del Tibet.
Numerosas ceremonias y ritos regulan esta rama del budismo o "gran camino". El
Hinayana, llamado también "pequeño camino". Según él, para entrar en el nirvana
no es preciso que Buda se encarne en nosotros, sino que basta reencarnarse
sucesivas veces hasta merecer el nirvana. La serie de reencarnaciones y
purificaciones puede ser muy larga. La primera forma de budismo es propia del
Tibet, China y Japón, mientras la segunda está más extendida en Ceilán, Birmania
e Indonesia. Cuando los mahometanos invadieron la India en el siglo XII, el
hinduismo había asimilado gran parte de la doctrina de Buda y entonces se
produjo un choque entre los seguidores de Mahoma y los fieles al Iluminado. En
China penetró más lentamente porque era una religión extranjera y la influencia
de Lao-Tsé y de Confucio eran grandes, pero en el siglo III, Wu-Ti protegió la
nueva enseñanza. Fa Hian empleó seis años en recopilar en chino las "sutras"
donde se narraban las enseñanzas del Gautama. En el siglo VI se introdujo en el
Japón, gracias al hábil recurso de afirmar que el emperador era una encarnación
de Buda, por lo cual era posible ser budista y sintoísta al mismo tiempo. En el
siglo VII se propagó en el Tibet, gracias a la protección de la viuda de
Srougstan-Gampo, fundadora de Lasha. El lamaísmo, en el siglo VII, desenvolvió
la idea de la reencarnación. El Gran Lama no era sino una encarnación de Buda
que se introducía en un niño de corta edad. Al morir el Lama, los monjes
tibetanos tenían que buscar un nuevo Lama, para lo cual poseían señales y
pruebas especiales que sólo a ellos eran reveladas. En el Tibet un tercio de la
población vivía en conventos y eran monjes. Su piedad había degenerado tanto que
bastaba la manifestación externa, como en el caso de los cilindros de oraciones
que se mueven mecánicamente, y cada vez que el cilindro da una vuelta, es como
si el monje o el fiel rezara la oración. La repetición incansable de la plegaria
tibetana: Om mani padme um (Oh, joyel de los lotos) se refiere a Buda, pero es
ya un murmullo sistemático sin fe, sin el espíritu profundo del Gautama. En 1949
el Lama, que se había refugiado en la India durante la segunda Guerra Mundial,
regresó al Tibet, pero estuvo en Lasha por poco tiempo, ya que los comunistas
chinos ocuparon la gran meseta y puede asegurarse que el lamaísmo, una forma
especial del budismo, está en trance de extinción, o por lo menos de una
transformación profunda.
Los
VEDA Unos 1.000 años antes de nuestra Era, un pueblo de raza aria
invadió la península de Indostán y creó una civilización cuya religión se
denomina védica por el nombre de sus libros de himnos,(imagen izquierda) los
Rig-Veda y los Atharva-Veda. Según éstos, el número de dioses era grande; Agni,
el dios del fuego; Prithivi, la Tierra; Dyans, el cielo; Indra, la naturaleza;
Soma, el que da la inmortalidad; los gemelos Azvins, el crepúsculo y la aurora,
etc. Pero el principal de todos era Siva, el creador y destructor, genio
maléfico, implacable y cruel, a quien era preciso contentar con sacrificios y
ofrendas. Esta idea fundamental del sacrificio impetratorio dio origen a una
poderosa casta sacerdotal, los brahmanes. Éstos adoptaron el color amarillo en
sus vestiduras para distinguirse de los guerreros, de los hombres libres y de
los parias. De ahí nació una diferenciación de castas que ha ocasionado a la
India un retraso secular. En un sentido estricto, las colecciones de Veda
incluyen los brahmanes y los mantras. Los primeros son comentarios en prosa
añadidos a cada una de las cuatro colecciones de Veda y relativos casi en todos
los casos a los detalles e interpretación de la liturgia de los sacrificios. Los
segundos son estrofas poéticas de los cuatro Veda ya que mantra es el término
utilizado de forma específica para las cuatro colecciones en verso. Los mantras
están considerados por algunos estudiosos como la parte más antigua de las
colecciones de Veda. Existen unos trabajos esotéricos posteriores que son un
suplemento a los brahmanes conocidos como tratados del bosque (del sánscrito
aranya, 'bosque'), y que son los aranyakas. Los aranyakas fueron expuestos y
escritos por sabios brahmanes en los bosques porque sentían que un entendimiento
correcto de los mismos sólo podía conseguirse en el retiro de lo mundano. La
última parte de los aranyakas son los Upanisad, trabajos especulativos y
metafísicos ligados de modo muy estrecho a los brahmanes. Esta parte insiste en
el valor del conocimiento y la meditación, y son los primeros intentos del
hinduismo para realizar un tratamiento sistemático del pensamiento especulativo.
El vedanta, así como la mayoría de los otros sistemas filosóficos hindúes han
sido desarrollados a partir de los Upanisad. A la última parte del periodo
védico pertenecen los sutras (en sánscrito sutra quiere decir literalmente
"hilera" que viene a significar 'conjunto de reglas'). Los sutras son
colecciones de aforismos que elaboran y disertan sobre los sacrificios védicos,
las ceremonias locales (como bodas y rituales funerarios) y las leyes religiosas
y seculares. Además, tienen gran importancia debido a su influencia en el
desarrollo del derecho hindú. Desde el punto de vista de la autoridad, no están
tan consideradas como los Veda, brahmanes y Upanisad. Estas últimas, y de modo
especial los Veda, están contemplados como apaurusheya, que en sánscrito
significa 'de origen no humano'.
ZOROASTRO: Llamado también Zaratustra, fue el gran
reformador, el creador de una religión original cuya influencia se extendió a
través de los tiempos, hasta el punto de no hallarse extinguida y haber influido
su principio fundamental en el pensamiento filosófico moderno. Zoroastro
apareció hacia el siglo VI a. de J.C. Era filósofo, y encontrándose un día
meditando a la orilla de un río, un espíritu lo arrebató hasta llevarlo a
presencia de Ahoura Mazda, el Creador. Éste le indicó la doctrina que debía
predicar a los fieles y le enseñó el secreto de los principios de la Verdad.
Zoroastro obedeció y volvió al mundo, pero nadie hizo caso de sus palabras y
comprendió que todos sus esfuerzos serían inútiles si no contaba con el apoyo de
un soberano fuerte y entusiasta. Sólo cuando pudo convencer al príncipe
Victapsa, su doctrina y sus palabras fueron escuchadas. Victapsa no pudo por
menos de atender a Zoroastro, puesto que, habiéndole exigido un prodigio, el
filósofo mandó que al instante apareciera un árbol en el salón del palacio, y en
un momento surgió un frondoso cedro cuyas ramas no cabían en la estancia. La
muerte de Zoroastro fue muy distinta a la de otros fundadores de religiones; fue
atravesado por una lanza en una batalla librada contra los Hiaonas, pueblo
enemigo de Victapsa. La doctrina de Zoroastro se funda en la existencia de
dos principios, dos potencias eternamente en lucha, implacables y enemigas:
Ormuz, el creador del Sol, de la Luz y de la Bondad, rodeado siempre de seis
ministros que simbolizan la santidad, los pensamientos nobles, los buenos
consejos, la inmortalidad, la generosidad y la virtud. Innumerables genios del
bien ayudan a los seis ministros. Ariman, el genio del mal, rodeado a su vez de
varios ministros que son el furor, la ambición, la venganza, etc. el dios de las
tinieblas sólo piensa en combatir a Ormuz, diseminando el mal entre los hombres.
El Universo entero no es otra cosa que el escenario de la lucha eterna entre
Ormuz y Ariman. El hombre es un soldado más en este grandioso combate que no
terminará hasta el fin de los siglos. Zoroastro esbozó la Historia del Mundo en
cuatro períodos de tres mil años cada uno: En el primero, Ormuz y Ariman se
enfrentan y comienzan a luchar. En el segundo, Ormuz crea el cielo, la tierra,
los animales, etc., mientras Ariman crea el reino subterráneo de los monstruos y
las tinieblas. En el tercero, al llegar a la mitad de la Historia, aparece
Zoroastro que enseña la doctrina de la Verdad. En el cuarto, las luchas se
recrudecen con la aparición del dragón Dahaka y del segundo salvador llamado
Keresaspa y más tarde Saoszan, los cuales, con Zoroastro, serán los definitivos
salvadores de la Humanidad. Entonces Ariman será vencido definitivamente y los
muertos resucitarán para un gran juicio. Durante tres días serán sumergidos en
un océano de metal fundido. Los buenos encontrarán suave y agradable el baño,
los perversos sufrirán lo indecible, pero al terminar este período de expiación,
todos entrarán en la inmortalidad. Ha sido siempre una incógnita apasionante
para el hombre, querer saber por qué Dios, siendo infinitamente bueno, permite
la existencia del mal en el mundo. En la filosofía de Zoroastro el espíritu
del mal había tenido su origen de una duda surgida en la mente de Dios. Cuando
una persona muere, según Zoroastro, el espíritu sigue vagando alrededor del
cuerpo durante unos días, hasta que el viento se lo lleva, atraviesa la laguna
(al estilo de la mitología griega), y se encuentra ante una balanza donde hay
que pesar sus buenas y malas acciones (reminiscencia egipcia). El castigo y el
premio son provisionales, pues en el momento del juicio universal todo quedará
borrado y las almas extremadamente perversas serán reducidas a la nada,
aniquiladas, pues en la eternidad sólo existirá el bien. La religión de
Zoroastro se extendió de una manera considerable. En tiempos de Ciro el Grande
puede afirmarse que todo el Asia occidental era creyente de esta religión. El
cuerpo de doctrina estaba contenido en el Avesta, una especie de Biblia de
Zoroastro.
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